El silencio tiene la virtud de la
muerte. Todos primero no existimos, luego existimos dejando de existir un poco
a cada instante hasta que finalmente nos lleva la muerte. La vida transcurre
encaramada sobre los hombros de la muerte, que no es su enemiga sino su
fundamento. Nada más lejano que pensar la muerte como un opuesto a la vida. El
silencio, como la muerte, es el almacigo de todo discurso, de todo sonido. De
pronto, la quietud se ve conmovida por una vibración, cese del silencio, inicio
del discurso. El silencio también es el punto, el fin del enunciado, la
invitación a que el otro responda, comente. La pregunta termina en un silencio.
Los enamorados entienden del silencio y más que los expertos en dar discursos,
esos a los que les cuesta ver que el silencio es la hoja en blanco que sustenta
al texto, que lo permite, que lo incita a desarrollarse. Hacer silencio,
invitar a un otro a hablar, a ser escuchado, contenido. Silencio que convida al
diálogo, a comprendernos, a sentirnos. El silencio tiene mala fama hoy, cuesta
encontrarlo, escucharlo. Pero el silencio compromete más que la palabra porque
ni siquiera el viento puede llevárselo, el silencio es la presencia tenaz de la
ausencia, no es ausencia pura, es la ausencia que se hace presente, que suena sordamente.
La música se hace con silencios y con silencios de página en blanco se inician
las historias. El silencio no es solo ausencia sino pausa, la voluntad de decir
algo, una marca certera en la partitura, el recipiente que contiene al líquido.
El discurso está sostenido por redes de silencios. El significado se logra a
partir de los silencios. El tejido o la red se tejen haciendo espacios blancos.
Hay fenómenos ante los que la única actitud posible es verlos ser, sonar, soñar desde nuestro silencio, silencio de falta de teoría, silencio de ausencia de explicación, silencio, solo silencio.
Hay fenómenos ante los que la única actitud posible es verlos ser, sonar, soñar desde nuestro silencio, silencio de falta de teoría, silencio de ausencia de explicación, silencio, solo silencio.
El silencio es productor de
mundos, espacio a llenar, el lienzo blanco de silencio que invita a ser
invadido por los colores de la paleta, la hoja también blanca, el pentagrama,
el mármol sin labrar. Pero si hasta el amor es de silencios, de miradas sostenidas,
de abrazos interminables, de jadeos entrecortados que hacen eco por la noche
dejando fragmentos de silencio columpiándose entre sábanas.



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